Resumen: May, helada y mojada de lluvia, erra buscando un refugio. Y éste se muestra ante ella: un chico de cabellos verdes y sonrisa altiva, que consigue dar calor a su corazón. DrewxMay, DAML, contestshipping. WARNING: fluff.
Género: Romance.
Dislaimer: La gran mayoría de los personajes, los escenarios, las ideas, etc. de esta historia pertenecen a Nintendo y a Game Freak. Yo tan sólo los utilizo para divertirme y divertir a los que leen. Lo hago sin ánimo de lucro.
Rating: T (+13)
En FF.Net: http://www.fanfiction.net/s/4444720/1/Frio_de_lluvia.
Llovía a cántaros. El cielo estaba lleno de nubarrones negros, muy negros, y el agua caía a millares de litros por minuto. Una joven de unos quince años corría bajo la lluvia, cubriéndose la cabeza con los brazos. Su ropa, un conjunto rojo y verde muy ajustado, estaba completamente empapada, y el pelo castaño y mojado le caía, oscurecido, a ambos lados del rostro, dominado por unos ojos azules como zafiros(1). No llevaba chaleco ni paraguas, y se la veía apresurada por llegar a cubierto.
Estaba a muy pocos quilómetros de su objetivo: ciudad Calagua(2), donde se celebraría el siguiente concurso Pokémon, en el cual ella participaba. Pero se estaba helando, chorreaba agua por todas partes, y no podría seguir mucho más de aquel modo. Tenía que encontrar un refugio donde pasar la noche.
Pero el refugio la encontró antes a ella.
May (pues así se llamaba la muchacha) iba andando, errante, por caminos encharcados, calada hasta los huesos, cuando se cruzó con él. Iba tan tranquilo, debajo de un paraguas de dimensiones agigantadas, con el cabello verde perfectamente seco y un andar tan altivo como siempre. Cuando la vio, se le escapó una media sonrisa socarrona, de ésas que sólo él sabía hacer y que ponían a la muchacha de los nervios.
—Vaya, May —dijo él en tono casual, hablando alto para hacerse oír por encima de los aporreos que la lluvia le daba al suelo y a los árboles—. ¿Tú por aquí? Qué...inesperado.
—Déjate de tonterías, Drew —masculló ella, temblando de forma incontrolada—. Me estoy helando...
Drew se la quedó mirando un momento, y alzó las cejas.
—Supongo que ibas hacia Calagua —dijo, acercándose a ella y cubriéndola de la lluvia con el enorme paraguas—. Yo también, y me atrapó la tormenta.
—Todo eso está muy bien —dijo May, intentando controlar el castañeo de sus dientes, sin resultado—, pero no estoy en condiciones de... —dejó la frase incompleta y, mientras hablaba, se arrebujó en su ropa de forma inconsciente. Drew se la miró unos instantes más antes de reaccionar.
—Busquemos un refugio —dijo. Hasta entonces había estando buscando él solo, queriendo encontrar el lugar ideal, pero el encontrarse con May cambiaba las cosas. La chica estaba en un estado lamentable, así que decidió dejarse de tonterías y detenerse en el primer agujero más o menos cálido y seco que encontraran.
Al cabo de unos pocos minutos, hallaron una pequeña cueva a salvo del viento, entre los árboles. May casi cayó al suelo al tropezar en la entrada. Estaba mortalmente pálida.
—Siéntate —le ordenó Drew. May obedeció sin rechistar, y él se puso a buscar algo en su mochila. Sacó unas mantas, un jersey y unos pantalones. Se lo pasó todo a May, con una expresión un poco rara, y se giró.
—Quítate la ropa mojada, o te resfriarás —dijo.
Como estaba de espaldas a ella, May no vio como Drew se sonrojaba hasta las raíces de su cabello. Se sintió extrañada y agradecida por toda aquella amabilidad. Aún temblando, murmuró:
—Gracias.
Cuando se hubo cambiado, se tapó con las mantas tan bien como pudo y se acurrucó en una esquina de la cueva. Como no tenían leña y el ambiente estaba muy húmedo, no podían encender fuego, y ninguno de los dos contaba con un Pokémon de tipo ígneo en aquel preciso momento. Drew se acercó a May y le puso la mano en la frente. Se sorprendió al notar su piel completamente helada.
—Estás fría —dijo, mirándola a los ojos. Tenía el ceño fruncido, con una expresión que May habría interpretado por preocupación, si no hubiera sido porque ambos eran rivales y no se soportaban (o eso creía)—. Y muy blanca. Si no te hubiera encontrado, te habría dado una hipotermia. Podrías haberte desmayado en el camino, y morir, porque nadie te habría visto. ¿Se puede saber en qué estabas pensando? —su tono de voz era duro, lleno de reproche, pero también demostraba, de una forma obvia, que le importaba lo que pudiera ocurrirle. Que aquella posibilidad, la de perderla, lo trastornaba. A May la invadió una sensación curiosa, como de reconforte, o de ternura.
—Yo...no sé... —dijo ella, con un hilo de voz, sintiéndose más débil por momentos—. No...el día estaba despejado...
Su voz sonaba tan leve, con tan poca energía, que Drew se asustó. Decidió dejar de lado todo pudor y se metió por entre las mantas, rodeando a May con los brazos para darle calor. Ella apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos. Drew notaba su débil respiración en el cuello, y tuvo que reprimir un estremecimiento, que acabó por convertirse en un profundo y avergonzado sonrojo.
Durmieron abrazados. Bueno, en realidad la única que durmió fue May, porque Drew no consiguió conciliar el sueño. Su preocupación por ella, y el hecho de tenerla tan cerca, lo mantenían en continua tensión. Comprobaba su temperatura cada dos por tres, y se alegró al notar que iba subiendo...poco a poco. Pero sin pausa.
Debían de ser las cuatro de la madrugada cuando May se despertó. Drew acababa de comprobar que seguía fría, pero ya no de forma tan alarmante como antes. Sus ojos azules mostraron un leve brillo febril cuando se abrieron y se posaron en los de él.
—Hola —dijo May con voz tenue, ensayando una sonrisa. Su cabeza seguía sobre su hombro, ladeada de modo que podían verse a los ojos; y May se había dado cuenta de su situación, obviamente, porque sus mejillas blancas habían adquirido una saludable tonalidad rojiza.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó Drew, sin variar su posición un ápice, aunque también notó como el calor subía a su cara. Sin embargo, a aquellas alturas ya no tenía sentido que tratara de ocultar nada.
—Mejor —dijo ella, sonriendo de verdad esta vez. En un arrebato que ni ella sabía de dónde había salido, levantó los brazos (que apoyaba en el pecho de Drew) y rodeó con ellos su cuello, estrechando el abrazo. Drew le pasó la mano por el pelo, azorado pero pensativo.
Estuvieron así, en silencio, durante un tiempo. Cualquiera que los viera de lejos diría que May se había dormido, pero Drew sabía que no era así, por la fuerza de su abrazo, los latidos de su corazón y la intensidad de su respiración.
—May —dijo él de repente, saliendo de su mutismo pero sin dejar sus cavilaciones. Ella hizo un perezoso “mmm”, indicando que lo había oído, y él no pudo evitar sonreír antes de proseguir:—. May, no sé si es el momento, pero quiero preguntarte una cosa.
Ella se separó ligeramente de él, apartando la cabeza de su hombro y quedando ambos cara a cara.
—Dispara —le dijo, con evidente curiosidad y algo de timidez. Su rostro había recuperado casi todo su color; y, en las mejillas, estaba ardiente de la vergüenza.
—¿Me consideras simplemente tu rival? Quiero decir... —Drew parecía incómodo de repente, y se separó completamente de ella por primera vez en toda la noche. May sintió frío...y humedad—. ¿Crees que sólo soy un tipo egocéntrico y desagradable con quien debes competir, y a quien debes derrotar? —May, lenta de reacciones como era, no entendió el sentido de aquella pregunta, aunque estaba bastante claro.
—¿A qué te refieres? —le pidió, confundida— No te entiendo —Drew suspiró. “Típico de May”, pensó.
—Quiero decir...si para ti soy alguien importante. Si me aprecias —se giró rápido, turbado, pero May pudo ver perfectamente como le enrojecía toda la cabeza, incluídas las orejas. En cuanto, finalmente, comprendió, se le escapó una sonrisa entre tierna, divertida y tímida; y, quitándose las mantas de encima, se abalanzó sobre Drew para abrazarlo por la espalda. Apoyó la barbilla en su hombro y rozó su mejilla son la suya, sintiendo aquel contacto como si quemara.
—¿Te preocupaba eso? —le pidió, en voz bajo. Ambos notaban la sangre arder en sus venas.
—Sí —respondió él en el mismo tono—. Porque tú sí que me importas más que eso. Mucho más.
No sabía de dónde había sacado el valor para hacer aquella confesión, pero no se arrepintió en absoluto de haberlo hecho, y aún menos cuando May le dio un fuerte y sonoro beso en la mejilla.
—Siempre has sido especial para mí, Drew —le empezó a explicar al oido, con ternura. Drew se estremeció, y esta vez no se molestó en esconderlo—. Siempre. Siempre me ha importado lo que pensabas de mí. Siempre me han encantado tus rosas. Y siempre he sabido que tus comentarios desagradables eran simples flirteos disfrazados de mentiras.
Drew estaba disfrutando infinitamente de la sensación de tener a May abrazándolo por detrás, y murmurándole todo aquello, con los labios tan cerca de su oreja. No sabía si la actitud sensual de la muchacha se debía al calor del momento o a su estado febril, pero poco le importaba. Y ella, por una vez, era del todo consciente de lo que provocaba en él. Si Drew se hubiera girado en aquel momento, la habría pillado in fraganti, con una sonrisa de pilla dibujada en los labios.
—Oye, ¿podemos volver a las mantas? Tengo frío —le pidió May a Drew (pese a que no tenía frío en absoluto), alargando cada palabra, como si las saboreara. Él asintió, y pronto ambos volvían a estar bien tapados y abrazados. Esta vez, May se acurrucó en su pecho y susurró:
—Gracias por todo esto, Drew.
—No tienes por qué dármelas —le dijo él, acariciándole la cabeza. Pasaron unos minutos. La respiración de May se fue calmando gradualmente y, cuando Drew ya la creía completamente dormida, ella le dijo, con la voz más suave y amorosa que nunca le había oído:—. Te quiero mucho.
Él sonrió tan ampliamente que casi parecía que la boca no le fuera a caber en el rostro. Abrazó a la muchacha con más fuerza, y tuvo que contenerse para no gritar de júbilo.
—Yo también te quiero, May.
Esta vez, Drew sí que se durmió. Y nunca había tenido un sueño tan agradable como aquél. Con ella. Un sueño cálido, sin rastro de frío.
Mientras tanto, en el exterior, la lluvia caía, incesante, y golpeaba la roca con un ritmo constante y mecánico.
(1) He puesto, precisamente, "zafiros" como referencia clara al nombre de May en el manga de Pokémon Rubí y Zafiro (Sapphire)
(2) En los videojuegos de la tercera generación, Calagua es la ciudad donde se celebran la mayor cantidad de concursos (o, en el caso de Pokémon Esmeralda, donde se celebran todos ellos).
2 comentarios:
mayyyyyyyyyyyyyyyyyy
yyyyyyyyyyyyyyyyyyyy
drewwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwww 4ever
continua ............................................................................................................................por favorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
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